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  Hábitat
 


Hábitat





El hábitat típico de la Grullaen España es el encinar adehesado (Quercus ilex, Quercus suber) con varios tipos de uso en su superficie, como por ejemplo pastos de uso ganadero, cultivos de cereal o matorral mediterráneo escaso (Díaz et al., 1997), pero frecuenta zonas en las que el encinar está disperso y abundan los cultivos de maíz o cereal.

La llegada de las grullas a las zonas preferidas de invernada del suroeste de la Península Ibéricacoincide con la maduración de la bellota, que es su principal alimento (Díaz et al., 1996; Tortosa y Villafuerte, 2000). Sin embargo, la actividad ganadera o la heterogeneidad del paisaje no parecen determinantes en la distribución de las grullas entre zonas de invernada en un mismo año o entre diferentes temporadas (Avilés et al., 2002a). La gestión de las dehesas sigue mayoritariamente dos estilos: se disponen vallados para prevenir la entrada de ganado en el terreno que es sembrado con cereal, o se permite la entrada del ganado extensivo. El ganado y las propias grullas agotan la disponibilidad de bellotas en los terrenos no cultivados, pero las grullas pueden además utilizar las dehesas dedicadas al cultivo (Avilés et al., 2002b; Díaz et al., 1996). El patrón de uso de las dehesas está relacionado con la abundancia de bellotas (Díaz et al., 1996), si bien prefieren las zonas cultivadas especialmente en diciembre (Díaz et al., 1996). La relación entre la presencia de grullas y los usos del territorio es en general compleja (Avilés et al., 2002a). Algunos autores opinan que la selección de zonas cultivadas por las grullas podría atribuirse en parte a condiciones de falta de alimento en las áreas no cultivadas (Almeida, 1990; Sánchez et al., 1993), y no tanto a la mayor cantidad de alimento que tienen los cultivos en comparación con las zonas no cultivadas de las dehesas.

Los agricultores utilizan en las zonas de invernada en Extremadura una rotación de los cultivos trianual. El cereal es sembrado un año, seguido de dos años de barbecho en los que el terreno es utilizado para el pastoreo del ganado. Con este sistema agrícola la fragmentación del terreno se produce principalmente entre campos cultivados, rastrojos de cereal de un año y rastrojos en su segundo año o barbechos, también denominados posíos en esa zona de invernada de Extremadura (Avilés, 2004; Avilés et al., 2002b). Además, las dehesas ocasionalmente se clarean extrayendo los arbustos e incluso los propios árboles (Sánchez et al., 1999), favoreciendo los cultivos intensivos y variando los recursos utilizados por una gran variedad de aves además de la grulla común (Díaz et al., 1997).

El número de grullas en cada zona de invernada no se relaciona con el grado de intensificación de la agricultura ni con la disponibilidad de bellotas. Sin embargo, el tamaño de los bandos disminuye y aumenta la presencia de familias aisladas en zonas menos alteradas que se caracterizan por la predominancia de posíos. Por tanto, el sistema de rotación de cultivos favorece el mantenimiento de las poblaciones invernantes de grulla (Avilés, 2004).1


Voz:
Grito o graznido de largo alcance "kruu-kruu" en los adultos y piado agudo en los jóvenes. Otros sonidos asociados a comportamientos agresivos o de cortejo.

Existe un tipo de llamada al unísono o coordinada entre los miembros de una pareja que está asociada a movimientos de alas y cuello que se realiza con gran coordinación en parejas adultas. Se ha propuesto que las llamadas coordinadas realizadas durante la invernada y el comienzo de la cría permitirían a los miembros de la pareja alcanzar la condición óptima para la reproducción de manera simultanea, y parece ser especialmente importante para el desarrollo ovárico de las hembras (Archibald, 1976; Meine y Archibald, 1996). Esta llamada también se emplea para la demarcación territorial y advertir a posibles intrusos. En España no es infrecuente observar dobles parejas de grullas realizar estas llamadas de coordinación durante encuentros agresivos en los que un miembro de cada pareja acude en apoyo del otro mientras emiten esta llamada.

La potencia del grito de la grulla es debida a la estructura de su tráquea. Su elevada longitud y posición son características especiales de las grullas: la traquea penetra en el esternón y cuando la grulla grita su voz puede escucharse incluso a varios kilómetros de distancia (Gaunt et al., 1987; Niemeier, 1983).

Es posible identificar individuos a gran distancia mediante sonogramas (Wessling, 2000a).

Grabaciones recomendadas: Un listado completo de sonidos e imágenes de grullas están disponibles en el CD que acompaña al libro de Bernhard Wessling (2000b).

Otros sonidos de grullas en Gallocanta disponibles en: http://ibc.lynxeds.com/species/eurasian-crane-grus-grus.

 

En Extremadura, la selección de una localidad de invernada y la permanencia a lo largo de los años no parece estar relacionada con las actividades agrícolas, la heterogeneidad del paisaje o la estabilidad del dormidero (Avilés et al., 2002a). Sin embargo, diversos estudios demuestran la influencia de las actividades agrícolas en la presencia de las grullas en zonas de la Península Ibéricaque antes no eran visitadas (Alonso et al., 1984; Alonso et al., 1994; Alonso et al., 1987; Bautista et al., 1992; Sánchez et al., 1999). La rapidez del cambio de áreas de invernada de las grullas, y su actividad en los campos de cultivo, en ocasiones produce considerables perjuicios a la agricultura de la zona (Sánchez et al., 1993), por lo que es recomendable la actualización de las áreas de distribución de las grullas cada pocos años, así como el diseño de medidas compensatorias y sobre todo el diseño de métodos de estima de daños, dado que en ocasiones el cereal puede contrarrestar la actividad de las grullas o incluso ser beneficiado por la actividad de aclareo del exceso de semillas que los agricultores siembran (Alonso et al., 1990).

Las familias suelen preferir lugares relativamente pequeños localizados en las zonas tradicionales de invernada, pero las grullas inmaduras o adultas no reproductoras suelen agregarse en lugares que, quizás por la abundancia de alimento, resultan bastante concurridos y en los que las interferencias entre las aves son frecuentes (Alonso et al., 2000; Avilés, 1999). El reciente cambio en las últimas décadas del uso agrícola de las dehesas (Sánchez et al., 1993; Tellería et al., 1992) ha producido que los grandes bandos de grullas se observen con frecuencia en áreas de cultivo intensivo, mientras que las zonas de dehesa no cultivada mantienen numerosos grupos familiares (Avilés, 1999; Sánchez et al., 1993). No obstante, esta distinción puede ser la simplificación de una situación bastante compleja (Avilés et al., 2002a; Avilés et al., 2002b).

Los adultos de grupos familiares participan en más encuentros agresivos que los adultos sin jóvenes cuando están en bandos
grandes. Por el contrario, en bandos pequeños, los adultos acompañados de jóvenes participan en menos encuentros agresivos que los adultos sin jóvenes. Además, los adultos con jóvenes muestran preferencia por dehesas con ganado, en donde el tamaño de los bandos es menor que en dehesas sin ganado, lo que podría reducir los encuentros agresivos con otras grullas (Avilés, 2003).1

 
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